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Sección Iglesia

Jóvenes hablar de la Iglesia es hablar de nosotros mismos ya que todos somos la Iglesia, es muy importante ser protagonista de la misma y no sólo espectador.
Los jóvenes somos la imagen viva de la Iglesia que deben hacer día a día, en cada uno de nosotros; los jóvenes debemos cumplir con el mandato de Cristo; el de llevar la buena nueva a todos los rincones de la tierra a ejemplo de San Pablo, nuestro protagonismo debe ser el testimonio y nuestra vida misma.
Nuestra Iglesia es unidad por eso es universal, CATÓLICA.

Nuestra Iglesia es verdaderamente la única fundada por Cristo. APOSTÓLICA. (Mt 16,18)

Durante la edad media, el catolicismo constituía la religión de toda Europa occidental (Francia, la península ibérica, Alemania los países nórdicos). Mientras que había perdido a la cristiandad oriental, que se había separado de Roma, constituyendo con el cisma acaecido en 1054 la Iglesia ortodoxa. La organización de la Iglesia era sustancialmente la que conocemos hoy en día: un Papa (elegido por los cardenales), obispos, sacerdotes diocesanos, órdenes masculinas y femeninas. El papado siempre había gozado de inmenso prestigio, aun habiendo conocido no pocos períodos de grave decadencia, por ejemplo en el siglo X (llamado por los historiadores “el siglo oscuro”), en que papado cayó en el dominio de distintos bandos romanos.
En cambio, fue un periodo de particular esplendor, el comprendido entre finales del siglo XI e inicios del XIV, período en que se formó la idea de un papado Santo y al mismo tiempo enérgico que evidentemente es el que Santa Catalina tenía presente. Aunque a esta santa le tocó más bien vivir en un siglo, el XIV, mismo que había dado inicio con la transferencia acaecida en 1309 de la sede pontificia a Aviñón, donde los papas permanecieron hasta 1376, sometidos a la influencia de la monarquía francesa. Aunque hay que aceptar que después del regreso a Roma las cosas no mejoraron. De hecho, la Iglesia sufrió una fuerte división: el gran cisma de occidente (1378-1417). En esa época, había simultáneamente papas de tres distintas “obediencia”: Romana, Aviñonesa y Pisana.
Los obispos, por todos lados poderosos y poseedores de grandes riquezas, en algunos lugares ejercían incluso responsabilidades de gobierno civil bajo delegación del emperador (o bispos-condes).

Esta praxis había provocado un largo conflicto entre el papado y el imperio que duró más de cuatro décadas, entre el último cuarto del siglo XI y el primero de XII, a causa de la lucha por las investiduras, que consistía en que los papas reivindicaban el derecho a nombrar (o hacer elegir por el clero o por el pueblo), sin ninguna injerencia del impío, a los obispos, que hasta entonces recibían por parte del soberano no sólo la investidura feudal, por las correspondientes tierras, sino también la investidura espiritual, es decir, la dignidad religiosa.
Dicho conflicto dio origen a dos partidos: los Güelfos (defensores del Papa) Y los gibelinos (defensores del emperador), todavía existentes en tiempos de Santa Catalina. En efecto, aunque la lucha por las investiduras haya concluido con el acuerdo de Worms (estipulado por el Papa y el Emperador en 1122) los dos partidos le sobrevivieron, alimentados por las ambiciones imperiales sobre Italia y por la política pontificia como respuesta combativa ante tales intenciones.
La presencia de las órdenes religiosas había dado inicio en occidente con la fundación de la Abadía de Monte casino por San Benito (siglo VI). Este santo, en 1529, redactó una regla que se difundió rápidamente. Los emisarios enviados por San Gregorio magno la dieron a conocer en Inglaterra y en Alemania.
La orden de San Benito, que se hizo muy popular, tuvo una presencia relevante en la edad media: las zapatillas, frecuentemente muy ricas, constituyen importantes centros religiosos y políticos. Algunas escuelas monásticas contribuyeron a rescatar la cultura antigua y a desarrollar la tecnología. A menudo las zapatillas se vieron afectadas precisamente por su poder y riqueza, dado que la mayor parte de ellas, caídas en manos de abades laicos (o religiosos, pero dignos) en el siglo X en Francia y en Alemania y más tarde en Italia, perdieron su razón de ser espiritual. La reforma Cluny (monasterio francés fundado en 1910) y otras que vinieron después, salvaron el monaquismo benedictino.

En el siglo XIII, por mano de Santo Domingo de Guzmán (Calaruega, Burgos, 1170-Bologna, 1221) y de San Francisco de Asís (1181 o 1182-1216) nacieron las órdenes mendicantes, cuya regla imponían la emisión de un voto de pobreza que implicaba (a diferencia de las más antiguas órdenes monásticas) la renuncia de toda propiedad no sólo para cada uno de los religiosos, sino también para los conventos, que, por tal motivo, obtenían sus ingresos únicamente de las limosnas de los fieles. Se distinguían de las órdenes monásticas también por el hecho de vivir en los centros urbanos y no en abadías muchas veces aisladas en el campo (aunque había algunas localizadas en una que otra ciudad), así como por la obligación de encargarse del ministerio sacerdotal, del trabajo apostólico (en cuanto los dominicos-exactamente nombrados orden de predicadores-sobre todo, a la predicación) y a las obras de caridad. También en el campo de la cultura, los benedictinos y los mendicantes se diferenciaban claramente: mientras aquellos se dedicaban al estudio en los monasterios, con pocos contactos con el exterior, éstos enseñaban teología en las universidades y en las escuelas. A diferencia de cuanto sucedía a los benedictinos, entre los mendicantes, al mando de cada orden, estaba un superior con plenos poderes y los conventos estaban reunidos en provincias. Otras órdenes mendicantes que estaban presentes y florecientes en tiempos de Santa Catalina, eran de los Agustinos y la de los carmelitas.

Todas las órdenes mencionadas tenían sus congregaciones femeninas pero de vida contemplativa. En esa época, no existía la idea de un apostolado activo (por ejemplo dedicado a la atención de los enfermos, a la educación, etc.) por parte de las mujeres. Una de dichas congregaciones, derivaba de la orden de predicadores, eran de las “Mantelate”, a la que perteneció Santa Catalina. Sin embargo, esto llevo una vida muy activa y autónoma respecto a la comunidad de religiosas a la que pertenecía, adelantándose así mucho a su tiempo.

 

¿Porque soy católico?
Nací en una familia católica practicante:

Desde que me acuerdo, siempre he rezado antes y después de tomar los alimentos. En mi familia era ley. Siempre he restado, a levantarme en la mañana y al acostarme en la noche. Nunca en mi familia hemos faltado a la misa del domingo.
Desde los cuatro años aprendí a conocer la Biblia sentado sobre la rodilla se me abuelo, que me contaba las historias maravillosas de la creación, de Abraham, Isaac, Moisés David y especialmente las parábolas los milagros las principales enseñanzas de Jesús y el relato de su pasión, muerte y resurrección gloriosa.
Nunca vi a un familiar mío borracho. En mi pueblo (conversando, al sur de Italia) de unos 20,000 habitantes conocía a un solo borracho. Nunca había uno llevar pistola o cuchillo. Mi pueblo era y sigue siendo, un pueblo católico de hueso colorado (aunque también ella últimamente, ya empezaron a trabajar las sectas).
Desde los seis años empecé a ir a la doctrina cristiana todos los domingos a los 12 años era “aspirante en la acción.” en la acción católica y al mismo tiempo “delegado” de los niños de seis años (unos 30), que se llamaban “flamas blancas”, el primer paso en la acción católica.
A los 13 años entre al seminario y empecé a tener “mi” Biblia. Mi gran ilusión era llegar a aprendérmela toda de memoria, tanto me fascinaba. Logré aprenderme de memoria solamente unos capítulos de San Juan (del 13 al 17), mi libro preferido. Pero después me di cuenta de que se trataba de una tarea imposible y empecé a estudiarla con más detenimiento y le ayuda de algún buen comentario.

A los 21 años entré en un instituto misionero, para poder dedicar toda mi vida a la enseñanza de la palabra de Dios en los lugares más necesitados. A los 29 años llegué a México y me entregué en cuerpo y alma a esta ardua tarea de la en la evangelización “la más bella aventura”. Me siento plenamente satisfecho de mi trabajo, aunque sea entre lágrimas, malentendidos e incomprensiones.
Por todo esto, me siento sumamente ofendido y molesto, cuando alguien dice: “la religión católica es mala; los católicos son borrachos, ladrones, peleas negros…; Los católicos no reconocen la palabra de Dios; a los católicos les está prohibido estudiar la Biblia…” y, cosas por el estilo.
A esas personas quisiera preguntarles: ¿conocen de ver la Iglesia católica? ¿Conocen a los verdaderos católicos? “Fíjense que en todas partes hay verdaderos católicos, que conocen y viven su fe en profundidad y tienen una vida honesta, según las enseñanzas de Cristo.
Y si no conocen la Iglesia Católica en sus enseñanzas y en sus mejores exponentes, ¿por qué hablan mal de ella? Juzguen sin conocer y esto no es correcto. Es claramente ofensivo y seguramente no responde a la enseñanza de Cristo.
Aparte de haber nacido en una familia católica y haber conocido a Cristo en la Iglesia Católica, tengo otras razones para permanecer fiel a la Iglesia Católica, después de un atento estudio de la Biblia.

Cristo fundó una sola Iglesia:

Antes que nada, es un hecho indiscutible que Jesús fundó “una sola Iglesia”. El pasaje de San Mateo es muy claro al respecto:
y ahora yo te digo:
tú eres Pedro,
ósea piedra,
y sobre esta piedra, edificaré MI IGLESIA (Mt 16.18).

Así que Jesús ya fundó su Iglesia hace casi 2000 años. Esto no quiere decir que otro algún día no se le pueda ocurrir la idea de fundar otra iglesia. Éste será su problema.
Para mí, lo importante es saber que Jesús hace casi 2000 años ya fundó “su Iglesia” y que por mi parte yo quiero pertenecer a ella hasta la muerte. Lo demás no me interesa todos están libres de hacer lo que les delatan.

La Iglesia que fundó Cristo llegará hasta el fin del mundo:

Algunos dicen: “es cierto que Jesús fundó una sola Iglesia. Pero esta se acabó, pronto por la mala conducta de sus miembros. Ahora la única iglesia verdadera es la mía, porque el fundador de mi iglesia fue enviado por Dios mediante sueños y visiones”.

Los poderes del infierno no prevalecerán contra ella
(Mt 16.185)

Es decir, habrá problemas, dificultades, traiciones, pero nadie ni nada logrará destruir esta Iglesia fundada por Cristo: ni el judaísmo, ni el paganismo del imperio romano, ni los falsos discípulos de Cristo, ni los gobiernos, ni los ateos, ni la masonería, ni las sectas, ni Satanás en persona. La Iglesia que fundó Cristo, llegará hasta el fin del mundo.

La Iglesia Católica es la única iglesia que fundó Jesús y llegará hasta el fin del mundo

En el momento actual, frente a una gran cantidad de grupos que se consideran “Iglesia de Cristo”, la pregunta es: “¿cuál es la verdadera Iglesia de Cristo, es decir la que fundó Jesús personalmente, cuando vivió en este mundo y que cuenta con todos los poderes que Cristo entregó a Pedro y a los apóstoles, como pastores de su Iglesia?” Sin duda tienen que tratarse de una sola Iglesia y no de muchos, como hay actualmente. Entre todos los grupos que se consideran cristianos, solamente uno podrá decir: “yo soy la verdadera Iglesia que fundó Cristo personalmente y llegará hasta el fin del mundo; solamente en mí se encuentran todos los medios de salvación que Cristo estableció para sus discípulos; solamente mis pastores cuentan con todos los poderes que Cristo entregó a sus apóstoles; solamente yo tengo la garantía de llevar intacto y sin errores el Evangelio de Cristo hasta los últimos confines de la tierra”.
Pues bien, ¿cuál es esta iglesia? La Iglesia Católica.


¿Por qué? Porque es la única que arranca desde Jesús, la única que puede demostrar su antigüedad hasta llegar a los apóstoles y al mismo San Pedro, el jefe de ellos. Sobre este punto no existe ninguna duda. Tenemos millares y millares de documentos que lo comprueban.
Al contrario, todos los demás grupos de hermanos separados tendrán a lo sumo cien, doscientos, trescientos o poco más años de existencia. ¿Cómo podrán afirmar que son la Iglesia que fundó Cristo?
Hermano, ¿permites que te hago una pregunta? ¿Has pensado alguna vez en los orígenes de los actuales jefes de tu Iglesia?
Estoy seguro de que los que te hicieron cambiar de religión, te hablaron muy bonitos sobre Cristo, pero no te dijeron nada de los orígenes, la historia y los jefes actuales de su religión, mientras te hablaron mal de la Iglesia Católica. ¿Te has preguntado el por qué? Sencillamente quisieron aumentar su grupo, sin manifestar ninguna preocupación por la verdad de las cosas. Y esto está mal. Antes que nada, Jesús nos invita a ser sinceros y a no tratar de engañar a nadie.
Tú me dirás: “una vez que cambie de religión, me arrepentí, me entregué a Cristo… Y sentí muy bonito”.


“De acuerdo-te contesto-. Siempre que uno se arrepiente de sus pecados sinceramente, según sus conocimientos y su capacidad, Dios le perdona y le da su paz. Pero no es este el problema. Lo que Jesús vino a traer a este mundo es mucho más amplio. Es como comparar la comida de un pobrecito, que con dos taquitos se siente satisfecho con otra que cuenta con una gran variedad de platillos sabrosos. En esto consiste la diferencia entre la Iglesia Católica y los demás grupos cristianos. El problema no está en lo que tiene de bueno, sino en lo que les falta”. Nuevo renglón en realidad solamente la Iglesia Católica posee la plenitud de la verdad y de los medios de satisfacción. Basta echar un vistazo a los distintos grupos cristianos, para que uno fácilmente se dé cuenta que a un grupo le falta una cosa, a otro le falta otra cosa; uno afirma algo y otro afirma lo contrario. Ni modo. Así es cuando cada cual quiere buscar la verdad por su cuenta y no acude a la única Iglesia, que fundó Jesús y está encargada de llevar el Evangelio a todo el mundo.

 

Un Iglesia visible:


Para la mayoría de los evangélicos, “la Iglesia, cuerpo místico de Cristo, no se puede identificar con une entidad eclesiástica en particular, sino que se compone de todos los que hayan puesto su fe en Nuestro Señor Jesucristo”.
Para nosotros católicos, la Iglesia que funda Jesús es precisamente la Iglesia Católica. En realidad, entre todas las iglesias que existen actualmente, es la única que llega hasta Cristo. Las demás tuvieron otros fundadores.
La Iglesia es inseparable de Cristo, porque él mismo la fundó sobre los 12 apóstoles, poniendo a Pedro como cabeza (Jn 21.15-17). No se puede aceptar a Cristo y rechazar la Iglesia. Dijo Jesús:


“El que recibe a ustedes,
a mí me recibe,
y el que me recibe a mí,
recibe al que envío” (Mt 10.40).
“Como el padre me envió a mí,
así yo los envió a ustedes” (Jn 20.22)
“si no oyere a la Iglesia,
tenle por gentil y publicano” (Mt 18.17).

 

La iglesias la continuación de Cristo en el mundo. En ella se da la plenitud de los medios de salvación, entregados por Jesucristo a los hombres mediante los apóstoles. La Iglesia es “la base y el pilar de la verdad” (Tim 3, 15), es el lugar donde más se manifiesta la acción de Dios, el instrumento principal pagar la llegada de su reino a este mundo.
Así que es un error ponerse a fundar nuevas iglesias o querer escoger la Iglesia que más le agrade a uno. La verdadera Iglesia ya la fundó Cristo y no existe otra igual. Por lo tanto, aceptar a Cristo significa aceptar su iglesia.


La Iglesia y el reino de Dios:

el mensaje de Jesús tiene como centro la “proclamación del reino de Dios”. ¿Qué es el reino de Dios? Es un mundo nuevo, en el cual Dios es el rey, que actúa con justicia:
Ya llega a regir la tierra;
regirá el orbe con justicia
y a los pueblos con fidelidad (Sal 96,13).
Por lo tanto, es un mundo sin opresión (Is 65.17-25; Is 11.69), donde se vive la fraternidad.
Ahora bien, la Iglesia representa “germen y el principio” de este reino, que va más allá de sus límites visibles, puesto que la elección de Dios se desarrolla también en el corazón de los hombres que viven fuera del ámbito visible de la Iglesia.
Bajo este aspecto, pertenecen al reino de Dios también personas de buena fe que por ignorancia están metidos en alguna secta o personas de buena voluntad que ni aceptan a Cristo como salvador, por no conocerlo suficientemente. Estas personas de hecho pertenecen al reino de Dios, luchan para que éste se consolide siempre más en el mundo y ciertamente los va a salvar.
También sobre este punto hay divergencia entre los católicos y ciertos grupos hermanos separados que confunden el reino de Dios con su secta o con su iglesia extendida como en la reunión de todos los que aceptan a Cristo como salvador. Para ellos, los que no cree en Cristo, aunque sea sin culpa, no pueden salvarse ni pertenecer al reino de Dios, y esto representa un verdadero absurdo, fundado sobre una actitud completamente fanática, que no tiene en cuenta el amor de Dios y superan de libertad en la manera de intervenir en la historia humana.

 

La Iglesia de santos y pecadores:


en la misma Biblia se habla de la Iglesia como de un campo, donde crece trigo y hierba mala (Mt 5, 1-11), de inmoralidad sexual (1cor), de inconformidades y chismes, por lo cual los apóstoles tuvieron que establecer los diáconos (Hch 6, 1-7), de envidias (1Cor 3, 1-4), etc.
Entre los mismos apóstoles, ¿no hubo un Judas que traicionó a Jesús y llegó a ahorcarse por soberbia? ¿No hubo un Pedro que negó a Jesús por miedo y después se arrepintió, siguiendo como jefe al frente de Cristo? (Jn 21.15-17). ¿Por qué entonces, tenemos que extrañarnos, siendo Iglesia de Cristo de ahora y de todos los tiempos encontramos buenos y malos, santos y pecadores, en todos los niveles? ¿Acaso en el antiguo pueblo de Dios hubo puros santos?

 

El fariseo y el republicano:


El pretende una iglesia de puros santos es una grave tentación que ha dado origen a muchas sectas, que después se llenaron de pecado y llegaron a desintegrarse. En efecto, ¿dónde están ahora las innumerables sectas que se formaron durante el primer milenio de la Iglesia? Todas desaparecieron. A este propósito es oportuno recordar la parábola del fariseo y el republicano (Lc 18.9-14). Hay que desconfiar mucho de los que pretendes ser santos como el fariseo y desprecian la Iglesia Católica, porque en su seno hay pecadores. Acordémonos de que el pecado más grave no es la borrachera o la prostitución, sino el orgullo, el sentirse bueno y despreciar a los demás, y este fue el pecado de los fariseos, aferrados a su cumplimiento de la ley y cerrados a la verdad, por lo cual no reconocieron al mesías.

 

El ejemplo de la familia:


Además la Iglesia es como una familia. Y como en cada familia, hay de todo: hermanos que se portan bien y hermanos que se portan mal. Hasta los mismos papás pueden tener defectos.
Pues bien ¿qué pensarías de un hermano que dijera: “puesto que en mi hogar hay muchos problemas, me voy a vivir en la casa del vecino, donde hay pura paz y tranquilidad?”
Sin duda no estarías de acuerdo con su actuación. En efecto, en lugar de ayudar a resolver los problemas que existen dentro de la Iglesia, la abandonan y después hacen todo lo posible para seguir sacando a otros. Y esto está muy mal.
Así que nunca se te ocurra a ti hacer algo parecido, y si ya lo hiciste por ignorancia, orgullo o malos consejos que te dieron, arrepiéntete de una vez y regresa la única iglesia que fundó Cristo personalmente cuando vivió en este mundo y que nunca se acabará. Acuérdate: “cometer errores es humano; perseverar en ellos es diabólico”.

 

Confianza en Cristo:


“maldito el hombre que confía en otro hombre” (Jer 17.5), dice la Biblia. Yo, mi parte prefiero 1000 veces confiar en Cristo, que fundó la Iglesia Católica y le aseguró que iba a durar hasta el fin de los tiempos, que en otros hombres que fundaron otras iglesias. Según ellos, Jesús no tuvo el poder para cumplir con su promesa de que su iglesia duraría para siempre, hasta el último día. Mientras ellos sí que tienen este poder. Ellos se consideran más poderosos que Cristo, puesto que sus iglesias nunca van a desaparecer ¡pobres ilusos!
Pasaron los siglos, surgirán y desaparecerán las sectas… Pero la Iglesia Católica, la única iglesia que fundó Jesús, seguirá siempre adelante, entre problemas, éxitos y fracasos, hasta el día en que Cristo regrese a juzgar a los vivos y los muertos. Por lo menos, esta es mi fe inquebrantable en Cristo y en la Iglesia que el fondo y a la cual me siento orgulloso de pertenecer. Véase: “Iglesia Católica”, pp. 316-318 y “Constantino” p. 294.


La verdadera Iglesia de Cristo

  • Cristo fundó una ola Iglesia Mt 16, 18ª. (Ef 4,4-5; 1Cor 12,12; Col 1, 18; EF 6, 27).
  • la Iglesia que fundó Cristo:
  • Durará hasta el fin del mundo. Mt 28,
  • Los poderes del infierno no la podrán vencer. Mt 16, 18b.
  • Es la Iglesia Católica. Es la única que viene desde Cristo y los apóstoles. Los demás grupos iniciaron mucho tiempo después y tienen a hombres como fundadores.
  • Es la columna y fundamento de la verdad. 1 Tim 3,15.
  • Jesús prometió guiarla con su espíritu (Jn 16,13)
  • En ella está la plenitud del Evangelio y la plenitud de los medios de salvación. Mc 16, 15-16. Cfr Compendio del catecismo de la Iglesia Católica, 162.
  • Es, sin embargo, una iglesia de santos y pecadores Mt 13.24-30; Hch 5, 1-11.
  • Jesús quiere la unidad entre sus discípulos. Jn 17, 20-21
  • Algún día habrá un solo rebaño bajo un solo pastor. Jn 10, 14-16.    
  •                                                         

La jerarquía en la Iglesia


El hecho de que todos seamos hermanos, no quiere decir que todos somos iguales en la Iglesia. Claramente Cristo quiso que algunos tuvieran autoridad sobre otros, como guías de los demás e instrumentos de unidad.
En la Iglesia pasa lo mismo que en una familia. Todos se consideran hermanos con relación a Dios, el padre común. Pero entre los miembros de la misma familia, algunos son padres y otros son hijos. Así en iglesia todos somos hermanos frente a Dios pero entre nosotros mismos algunos represen tan a Cristo como cabeza y por eso gozan de una autoridad especial para el bien de todos los demás miembros de la Iglesia.
Esto está muy claro en la Biblia. Por lo tanto, no podemos seguir a Cristo, rechazando lo que él estableció. la fe exige la obediencia a la voluntad de Dios. Por esta razón, es un error decir: “yo creo en Cristo y basta”. Si crecen Cristo, tiene que aceptar su iglesia como la quiso y la estableció y no forjarte otra idea de Iglesia, ajena la Biblia, como algo puramente espiritual e indefinible para después sentirte con el derecho de fundar tu propia iglesia.

 

Los 12 apóstoles:


Mientras por un lado Jesús hablaba a las muchedumbres (Lc 5, 1) e instruía a los discípulos (Mc 3,33-34), por el otro escogió a 12 hombres, a quienes llamó “apóstoles” (enviados), a cuya formación dedicó muchos cuidados.
Entonces Jesús subió al cerro y llamó a los que él quiso, y vi dieron a él. Así constituyó a los 12, para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar, dándoles poder para echar a los demonios (Mc 3, 13-15).
El que recibe al que yo enviaré, me recibe a mí (Jn 13.20).
El que a ustedes oye, a mí me oye (Lc 10,16).

A estos 12 les dio poderes especiales para:

  • Anunciar su evangelio.
  • todo poder se me ha dado en el cielo y en la tierra. Por eso vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícelos en el nombre del padre, y del hijo y del espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que les he encomendado. Yo estoy con ustedes todos los días hasta que se termine este mundo (Mt 28, 18-20).

Aquí vemos claramente como solamente algunos tienen el poder de predicar oficialmente la palabra de Dios, contando con su asistencia y garantía. Cristo no dio el poder y la misión de predicar a todos los que quisieran.
En esto hay una gran divergencia entre la enseñanza de Cristo, completamente aceptada y vivida por la Iglesia Católica, y la manera de pensar y actuar de los hermanos separados. Según éstos, lo importante es predicar la palabra de Dios y por lo tanto todos tienen derecho de enseñar lo que piensan sobre tal o cual parte de la Biblia. Precisamente esta idea equivocada nos ha llevado hacia la diversión y la confusión en la doctrina.
La Iglesia Católica, al contrario, fiel a la voluntad de su fundador, siempre ha reconocido en los sucesores de los apóstoles el derecho de enseñar con autoridad, estableciendo la verdadera interpretación del dato revelado. En realidad, Jesús asegura acompañar “hasta el fin del mundo” la predicación de los apóstoles que se iba a realizar precisamente mediante sus sucesores.

 

  • Celebrar el culto de la nueva alianza:
  • Después tomó el pan, y dando gracias lo partió y se lo dio, diciendo: “este es mi cuerpo que es entregado por ustedes. Hagan esto en memoria mía”. Después de la cena, hizo lo mismo con la copa. Dijo: “esta copa es la alianza nueva sellada con mi sangre, pues va a ser derramada por ustedes”.        (Lc 22, 19-20)

Celebrar la cena del señor representa el centro del culto para el nuevo pueblo de Dios, “hasta que Cristo vuelva” (1Cor 11.26). Y esto se va realizar mediante los apóstoles y sus sucesores. En realidad, Jesús no dio el poder a todos los que creyeran en él, para realizarla.
También aquí notamos una gran diferencia, diferencia entre la enseñanza de Cristo, que es la vivida al pie de la otra por la Iglesia Católica, y la práctica de muchos grupos separados. Entre estos, algunos de plano ni mencionan la cena del señor, como si se tratara de algo insignificante; otros aceptan y celebran la cena del señor, pero le dan un sentido diferente, como si se tratara de un puro recuerdo y nada más. De todos modos, no tiene validez, puesto que no cuentan con los sucesores de los apóstoles para realizarla.

 

  • Guiar al pueblo de Dios
  • Yo les digo: todo lo que antes de la tierra, será considerado atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra, será considerado desatado en el cielo (Mt 18.18).

¿En qué consiste este poder? En declarar lo que está permitido y lo que no está permitido; admitida la comunidad cristiana (comunión) o separar de ella (excomunión). Abarca también el poder de “perdonar los pecados” cometidos después del bautizo.
Jesús les volvió a decir: “la paz esté con ustedes. Así como el padre me envió a mí, así yo los envía ustedes”. Dicho esto sopló sobre ellos: “reciban el espíritu Santo; a quienes “ustedes perdonen, quedarán perdonados, y a quienes no libren de sus pecados, quedarán atados”. (Jn 20.21-23).
Los hermanos separados prefieren no mencionar estos textos bíblicos, que según ellos “confieren demasiado poder a los hombres”. Ni modo. Son palabras de Dios y la Iglesia Católica desde un principio las ha aceptado así como suenan.
Puesto que se refieren al bien de la Iglesia de todos los tiempos y no solamente el bien de la Iglesia primitiva, es lógico que se haya transmitido a los colaboradores y sucesores de los apóstoles, como vemos en el caso de la excomunión y sucesiva reintegración a la comunidad cristiana que encontramos en 1Cor 5 y 2 Cor 2, 1-11.


Pedro:


Como jefe de los apóstoles y de toda la Iglesia, Jesús puso a Pedro.

  • Cambio de nombre: Se llamaba Simón y Jesús le cambia el nombre en Cefas = Pedro.

De hoy en adelante te llamarás Cefas, es decir Pedro (Jn 1,42).
¿y porque Jesús le cambia el nombre a Simón? Para indicar su nueva identidad o misión, como por ejemplo: Yahvé = yo soy (Ex 3,14); Abraham = padre de muchas naciones (Gen 17, 5); Israel = fuerza de Dios (Gen 32.28); Jesús = Salvador (Mt 1, 21), etc.

  • Roca ¿y cuál será la misión de Pedro? Ser la roca visible sobre la cual Jesús fundará su iglesia. De hecho Cefas quiere decir piedra, roca, peña.

Tú eres Pedro (= Cefas)
y sobre esta piedra (= Cefas)   
edificaré mi Iglesia (Mt 16.18).
¿Y porque Jesús le pone este nombre Simón y no le pone otro? Porque Jesús es la roca (1 Pe 2, 8; Rm 9,33) o piedra angular (Ef 2,20), que está a la base de la Iglesia. Pues bien, cuando Jesús se vaya de este mundo, quiere que Pedro tome su lugar como piedra que tenga unida toda la Iglesia, empezando por los mismos apóstoles que también son fundamento de la Iglesia.


Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Jesucristo mismo la principal piedra angular (Ef 2,20).
El muro de la ciudad tenía osos 12 cimientos y sobre ellos había los 12 nombres de los apóstoles del Cordero (Ap 21,14).
Aunque cada uno de los 12 apóstoles es cimiento de la Iglesia, entre ellos destaca Pedro, que tiene el lugar de Cristo, la roca o piedra angular. Además, siendo Pedro el jefe del nuevo pueblo de Dios, recibe el nombre de roca, como Abraham (Is 51,1-2), el jefe del antiguo pueblo de Dios.

  • Toda autoridad. El mismo Jesús le entregó a Pedro toda autoridad.

Yo te daré las llaves del reino de los cielos: “todo lo que ates en la tierra será atado en el cielo, y lo que desates en la tierra será desatado en los cielos (Mt 16.19).

  • Pastor supremo: y lo hizo también pastor supremo del rebaño, con la misión de guiar y fortalecer a los hermanos en la fe.

Después que comieron, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón. Hijo de Juan ¿me amas más que estos? Éste contestó: sí, señor, tú sabes que te quiero. Jesús dijo: apacienta mis corderos. Y le preguntó por segunda vez: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Pedro volvió a contestar: sí, señor, tú sabes que te quiero. Jesús le dijo: cuida mis ovejas. Insistió Jesús por tercera vez: Simón, hijo de Juan, ¿me quieres? Pedro se puso triste al ver que Jesús se preguntaba por tercera vez si lo quería. Le contestó: señor, tú sabes todo, tú sabes que te quiero. Entonces Jesús le dijo: apacienta mis ovejas (Jn 21.15-17).
Simón, mira que Satanás ha pedido permiso para sacudirlos a ustedes como se hace con el trigo; pero “yo he rogado por ti” para que tu fe no se venga abajo.
Tú, entonces, cuando hayas vuelto, “tendrás” que fortalecer a tus hermanos (Lc 22.31-32).
De hecho, San Pedro actuó siempre como jefe de los apóstoles y de toda la Iglesia (Hch 2, 14; 15,1-29; Gal 1, 18;2,2.9-10, etc.).


La jerarquía en la Iglesia

 

  • Jesús predicó a grandes multitudes (Mc3, 7-8; Mc 6, 34; Lc 5, 1);
  • pero tenía discípulos a quienes les explicaba todo en privado (Mc 4, 33-34;Mc 9, 31;Mt 13.36) y les daba instrucciones especiales en orden a la misión (Lc 10,1-11) y un acompañamiento especial (Lc 9, 51-19.27).
  • De entre los discípulos, Jesús escogió a 12 (Mt 10,1-4), a los que llamó apóstoles (Mc 3, 13-15), instruyendo los ministros de la nueva alianza (2Cor 3,6) y dándoles poder o autoridad para:
  • anunciar el Evangelio = “munus docendi” (Mc 3, 13-15; Mt 10.1-42; Mc 16.15; Mt 28.18-20;Hch 2, 42; 2 Tim 1, 12a-14; 2Jn 9-10; Hb 13, 9 ).
  • Celebrar el culto de la nueva alianza = “munus Santificandi” (bautismo: Mt 28.18; Mc 16.16; confirmación: Hch 8, 14-17; 19.6; Hb 6, 1-3; eucaristía: Lc 22.14-20; 1Cor 11.23-27; reconciliación: Jn 20.21-23; 2Cor 5.18-20; unción de los enfermos: Mc 6, 13; St 5.13-15; matrimonio: 1Cor 7, 39; Hb 13,4).
  • Guiar al pueblo de Dios = “munus regendi” (Mt 18.18; Hch 20.28-32; Ef 4, 11-13; 1Pe 5, 1-4; Hb 13.7. 17).
  • Estos poderes se transmiten mediante la imposición de las manos = sacramento del orden (2Tim 1,6;1 Tim 5, 22; Tit1, 5;1 Tim 4, 14; Hch 6, 6;13,3).
  • A Sampedro le dio poderes especiales para ser jefe de los apóstoles y de toda la Iglesia (Mt 16, 18-19; Lc 22.31-32; Jn 21.15-17; Gal 1-2). Por eso se habla con frecuencia de “Pedro y los demás apóstoles”, de “entre sus compañeros” y de “Pedro y los 11” (cfr Lc 9, 32; Mc 16, 7; Hch 2, 37; Hch 2, 14).

En resumen, Cristo es “piedra”, “pastor supremo del rebaño” y cuenta con “todo el poder” que le da el padre.
Al subir al cielo, quiere que otro tome su lugar para dirigir la iglesia. Este es Simón, a quien hace “piedra” (= Pedro), “pastor supremo del rebaño” y guía que actúa con “toda autoridad”.

 



 

 

Colaboradores y sucesores de los apóstoles

Los poderes de los apóstoles no tenían que desaparecer con su muerte puesto que se trataba de un regalo que Cristo quiso hacer a su Iglesia para siempre (Mt 18.18; Lc 22.19; 1Cor 11-26; etc.).
Por eso los apóstoles empezaron a establecer a sus colaboradores, mediante la imposición de las manos (2Tim 1, 6-7). Son los presbíteros y los obispos encargados de cuidar las comunidades cristianas, que se iban formando a raíz de su predicación (Hch 14.23; 20.17; 1Pe 5, 1-11). Notamos como índice palabras “presbítero” “obispo” (Hch 20.17-28; Tit 1, 5-7). Notamos al mismo tiempo como los apóstoles se reserve la autoridad suprema que transmitían solamente algunos colaboradores de mayor confianza (1 Tim 3,1-15; 5, 22; Tit 1, 5; 3, 10 -11). Con el tiempo a estos se les dio el nombre de obispos y contaron con los mismos poderes de los apóstoles para anunciar la palabra de Dios con autoridad, gozando de la asistencia del espíritu Santo, realizar el culto, especialmente la cena del señor, apacentar al pueblo de Dios.
El espíritu Santo los apuesto como “obispos” para “apacentar la iglesia” (Hch 20.28).
Después de los obispos y presbíteros, los apóstoles establecieron como “colaboradores a los diáconos”, encargándolos más bien de las cosas materiales, sin excluir la predicación (Hch 6, 1-6; 3-47; 8, 4-8; Flp 1, 1; 1Tim 3, 8-13).

 

Jefes actuales de la Iglesia


Actualmente, el papá tiene lugar de Sampedro; los obispos tienen el lugar de los apóstoles (viviendo los mismos apóstoles, vemos como Tito y Timoteo mandaban sobre los demás presbíteros); los presbíteros o sacerdotes son los colaboradores de los obispos, como el principio de la Iglesia los presbíteros (obispos) eran colaboradores de los apóstoles; y los diáconos siguen desempeñando las mismas funciones de los antiguos diáconos.

 

Falsos pastores


Todos los demás, por haberse separado de la Iglesia Católica, la única fundada por Cristo y que por lo tanto goza de toda la autoridad y asistencia del espíritu Santo aseguradas por Cristo, no cuentan con los auténticos pastores que Cristo estableció para “su” Iglesia.
Una vez apartados del tronco, cada grupo “inventó” su organización hasta hacerse bola, sin que sus pastores cuenten con aquellos poderes que Cristo entregó a los apóstoles y estos a sus colaboradores y sucesores.
La misma Biblia habla de falsos apóstoles:
Yo conozco tus obras y tus trabajos y se pacientemente. No puedes tolerar a los malos, sometiste a prueba a “los que se llaman así mismos apóstoles y los hallaste mentirosos”
(Ap 2, 2)
Algunos judíos ambulantes que echaban los demonios, trataron de invocar el nombre del señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos y decían: “te mando salir en el nombre de Jesús, a quien Pablo predica”.
Entre ellos estaban los hijos de un sacerdote judío llamado Escevas. Pero, un día que entraron y se atrevieron a hacerlo, el espíritu malo les contestó: “conozco Jesús hice quienes Pablo; pero ustedes, ¿quiénes son?” Y el hombre que tenía el espíritu malo se lanzó sobre ellos, los sujetó a ambos y los maltrató, de manera que tuvieron que huir desnudos y heridos (Hch 19, 13-16).

 

Magisterio

la tradición y la escritura constituyen un solo depósito sagrado de la palabra de Dios, confiado a la Iglesia el oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o escrito, ha sido encomendado únicamente al magisterio de la Iglesia, el cual lo ejercita en nombre de Jesucristo” (Dei Verdum, 10).
Los sucesores de los apóstoles o los encargados de entender sin errores al mensaje recibido y transmitido fielmente, por mandato divino y con la asistencia del espíritu Santo (Cf Mt 28.20).
El haber descuidado un aspecto tan importante, ha dado origen a tantos errores y un sin fin de sectas.
Cumpliendo fielmente con su tarea de vivir, meditar y transmitir el depósito revelado, la Iglesia va aclarando la palabra de Dios, haciendo explícito lo que estaba implícito en él. En este sentido, la tradición divino-apostólica va creciendo, como sucede en cualquier organismo vivo, que se desarrolla teniendo en cuenta las circunstancias concretas en que se mueve, sin dejar el mismo de antes.
Es precisamente este el sentido de las definiciones dogmáticas, hechas por el magisterio de la Iglesia, como, por ejemplo, la infalibilidad del Papa, la Inmaculada Concepción de la virgen y su asunción al cielo en cuerpo y alma.


Enseñanza de la Iglesia


La enseñanza de la Iglesia Católica con el dato bíblico.


Culto a las imágenes:


Es un culto de veneración y no de adoración. Además es un culto relativo; el honor va a los seres representados en las imágenes, esculturas o pinturas por esta razón, están equivocados los que acusan a los católicos idólatras. Nosotros no adoramos a los ángeles y los santos, ni sus representaciones. Tenemos las imágenes y las reliquias (algo relacionado con Cristo y los santos: Cruz, partes del cuerpo de los santos, objetos que usaron, etc.), como algo sagrado, que merece respeto y cariño. No pensamos que tengan algún poder especial.
“Como se continuáramos el camino regio, y siguiendo el magisterio divinamente inspirado de nuestros santos padres y la tradición de la Iglesia Católica, definimos con toda certeza y diligencia que ha y como la figura de la preciosa y vivificadora Cruz, así también las venerables imágenes sean de colores o pinceles, como de otro material, decentemente se propagan en la Santa Iglesia de Dios, en los vasos y vestidos sagrados, en las paredes y retablos, en las casas y los caminos: a saber, tanto las imágenes de nuestro Dios, señor y Salvador Jesucristo, como de la Inmaculada Señora nuestra, Santa madre de Dios, de los honorables ángeles y de los santos junto con los varones ilustres.
Los que contemplan estas imágenes, más rápidamente le van a recordar y desafiar a quienes representan, y a besar con veneración no de latría, que solamente a la naturaleza divina se debe dar… El honor a las imágenes pasa a los que representan. Así se refuerza la doctrina de nuestros santos padres, la tradición de la santa católica Iglesia… Cierra las “


(II concilio ecuménico de Nicea; 24 de septiembre-23 de octubre del año 787).
Como se ve, podemos tener imágenes de Cristo, la virgen, los santos y los varones ilustres, y personajes que hicieron algo a favor de la humanidad por lo cual merecen el respeto de todos. Las tenemos para recordar a las personas que representan y manifestaron ellos nuestro cariño (veneración).
“El sagrado concilio manda… Que además las imágenes de Cristo, de la virgen madre de Dios y de los santos, se conserven principalmente en los templos y se les tribute el debido honor y veneración, no porque se crea que en ella alguna divinidad o poder, por lo cual debas dar culto, o que a ellos haya que pedirle algo, como hacían antiguamente los paganos, que ponían su esperanza en los ídolos, sino porque el honor que a ellos se les rinda refiere a las personas que ellos representan: de tal modo que a través de las imágenes que besamos, ante las cuales nos descubrimos la cabeza y nos inclinamos, es a Cristo a quien adoramos y a los santos, cuya representación tienen ellos, veneramos” (concilio ecuménico de Trento: 3 de diciembre de 1563).


Con esto queda aclarada la doctrina católica con relación al culto que se debe a las imágenes, que no es de adoración, sino de simple veneración o respeto, como se hace con la fotografía de la abuelita difunta, el monumento a un héroe, etc. en efecto, sin rendimos homenaje a ciertos objetos que nos recuerdan la patria (la bandera), a un héroe (monumento Emiliano Zapata), y aún ser querido (retrato carta de la mamá difunta), ¿por qué no podemos hacerlo con todo lo que nos recuerda a Dios, a la virgen, a los ángeles y los santos? Viendo estos objetos, nos acordamos de las personas que representan y tratamos de conformar nuestra conducta a sus enseñanzas y ejemplos.
Además, es muy importante subrayar que cualquier acto de homenaje que se rinde a estos objetos, va a las personas representadas o simbolizadas en ellos (la cruz simboliza a Cristo que murió en ella). Claro que si alguien cree que alguna imagen o estatua tiene algún poder especial y le pide algún favor, se está portando mal.
Una cosa es pedir a Dios delante de una imagen y otra cosa es pedir a la imagen.

 

EQUIVOCADO

 

Yo
adoro
este crucifijo
porque
es
Jesús, mi Dios.
Ídolo:
dios de madera,
dios de plata,
dios de oro, etc.

CORRECTO

 

Yo
respeto
este crucifijo
porque
me recuerda
a Jesús, mi Dios.
Imagen:
Simple retrato de Jesús,
la Virgen y los Santos.

 

Ingreso en la Iglesia

Además, el bautismo sirve también como puerta para entrar en la Iglesia, el nuevo pueblo de Dios. De otra manera, ¿por qué Sampedro ordenó que se bautizara Cornelio con su familia, si ya había recibido el espíritu Santo y por lo mismo ya sus pecados habían quedado perdonados? Mediante el bautismo, entraron a formar parte de la Iglesia.
Entonces Pedro tomó la palabra y dijo: “¿quién podría negar el agua del bautismo a quienes han recibido el espíritu Santo, igual que nosotros?”. Y mandó bautizarlos en el nombre de Jesucristo (Hc h 10, 47-48).
Otro punto importante: si la Iglesia es el nuevo pueblo de Dios, tendrá de todo: grandes y pequeños. No importa si estos entienden o no. Por eso se bautizara los niños, para que también ellos pueden formar parte de la Iglesia, el nuevo pueblo de Dios.
Lo mismo sucedía en el antiguo testamento. ¿Cómo un individuo entraba a formar parte del antiguo pueblo de Israel? Mediante la circuncisión. Y esta se realizaba a los ocho días de haber nacido (G en 17, 2), como hicieron con el mismo Jesús (Lc 2, 21).
Así que no tiene ningún sentido lo que dicen los miembros de algunas sectas: “el bautismo de los niños no vale, porque los niños no entiende”. Todo lo que se hace a los niños vale. Vale la medida que se le está, el idioma que se les enseña y la vida de Dios que se les comunica mediante el bautismo.

Examinar la tradición viva de la Iglesia

Cuando Jesús envió a los apóstoles, no les ordenó que escribieran su mensaje, sino que lo anunciaran. Además, lo que se escribió no fue todo lo que dijo e hizo Jesús (Jn 21, 25). Por lo tanto, el mensaje transmitido de generación en generación en la Iglesia, es más amplio de lo que se escribió, y resulta de mucha utilidad para entender lo que fue escrito en el nuevo testamento.
El mensaje, escuchado por boca de Jesús, vivido, elaborado y transmitido, por los apóstoles, se llama tradición apostólica.
¿Cómo se manifiesta esa tradición viva de la Iglesia? Mediante la enseñanza del Papa y los obispos, cuando se reúnen en forma solemne (concilios-sínodos episcopales-conferencias episcopales) o cuando orientan a la comunidad en forma ordinaria. Al enseñar alguna doctrina están presentando la tradición viva de la Iglesia y por lo tanto están dando el sentido auténtico de las verdades contenidas en la Biblia. Naturalmente se necesita que haya cierta unanimidad y se presente algo como doctrina y no como opinión. Los símbolos de la fe y las definiciones solemnes de los concilios y del Papa representan la máxima expresión de la tradición viva de la Iglesia.

También es muy importante examinar los escritos de los obispos y escritores eclesiásticos de los primeros siglos de la Iglesia. Son testigos de la mentalidad de la Iglesia primitiva, que se formó a raíz de la predicación apostólica. Si hay uniformidad sobre ciertos aspectos, ofrecen válidas razones para interpretar correctamente las verdades contenidas en la Biblia. Los catecismos, la liturgia, el arte cristiano y el derecho canónico manifiestan el sentir de la Iglesia y por lo tanto son medios importantes para descubrir la revelación, que sigue transmitiéndose, de generación en generación.
También el sentido común de los fieles, cuando afirma una determinada doctrina, es expresión de la tradición viva de la Iglesia, y por lo tanto es de suma importancia para poder interpretar correctamente la Biblia.
Para resumir todo esto, basta recordar lo que a este respecto afirmó orígenes (185-254 d. C.).
“Lo único verdaderamente cierto (en la Biblia) es que en nada se aparta de la tradición eclesiástica y apostólica”.

 

Celibato en la Iglesia

Sin duda alguna, se trata de un valor, claramente presente en la Biblia. En la Iglesia Católica este valor ha sido vivido desde un principio.
No todos comprenden este lenguaje, sino solamente reciben este don. Hay hombres que nacen incapacitados para casarse. Hay otros que fueron mutilados por los hombres. Hay otros que por amor al reino de Dios se quedan sin casarse. El que sea capaz, que entienda (Mt 19, 11-12).
Yo los quisiera ver libres de preocupaciones. El hombre que se queda sin casarse, se preocupa de las cosas del señor y de cómo agradar a Dios. Al contrario, el que está casado, se preocupa de las cosas del mundo y de agradar a su esposa, y está dividido. Así también la mujer soltera y la que se queda virgen, se preocupa del servicio del señor, y le consagra su cuerpo y espíritu. Al contrario, la casada se preocupa por las cosas del mundo, y tiene que agradar a su esposo.
Esto lo digo para su provecho, y no para ponerle tropiezos deseo para ustedes una vida hermosa y que les permite entregarse completamente al señor. La mujer está ligada mientras vive su marido. Si este muere, ella queda libre de casarse con quien desee, siempre que sea “en el señor”. Pero será más feliz si permaneces, en casas según mis consejos (1Cor 7, 32-35. 39-40).
Pregunta ¿porque este valor no se encuentra en el protestantismo? La Iglesia Católica cuenta con millares de hombres y de mujeres célibes “por el reino de Dios”. ¿Por qué esto no sucede en el protestantismo? ¿No será una señal de que se alejó de la enseñanza de Cristo?

Interpretación auténtica de la Biblia

No existe nada más falso que el principio protestante de la libre interpretación de la Biblia. Este príncipe sido para el protestantismo la raíz de todos los males. La Iglesia Católica, al contrario, fiel al dato revelado, ha reconocido siempre en los sucesores de los apóstoles los encargados de dar la palabra de Dios. Por eso, se ha mantenido siempre unida y ha podido evitar todas las aberraciones presentes en el campo protestante.

Sépanlo bien: “nadie puede interpretar” por sí mismo una profecía de la escritura, ya que ninguna profecía proviene de una decisión humana, sino que los hombres de Dios, movidos por el espíritu Santo, dijeron sus mensajes (2Pe1, 20-21).
El mismo Lutero, ya en el 1525, tuvo que lamentar la triste situación que se había creado, desde el principio a causa de la interpretación privada de la Escritura. Afirmó:
“Hay tantas sectas y creencias como cabezas. Aquel miembro no quiere tener nada que ver con el bautismo; otros niegan Sacramento; un tercero cree que hay otro mundo entre este y el último día. Algunos enseñan que Cristo no es Dios; unos dicen esto, otros aquello. Si un rústico, por rudo que sea, sueña o se imagina alguna cosa, ya se cree que ha oído el susurro del espíritu Santo, y se cree que el mismo es un profeta” (Grisar, Lutero IV, 386ss).
¡Y pensar que aún el protestantismo se encontraba en los inicios de su desarrollo! El obispo protestante Kent, frente al triste espectáculo ofrecido por más de 250 denominaciones protestantes, en continua disputa entre sí, concluía:

“En lo profundo de nuestros corazones muchos de nosotros somos devotos del culto de lo incompleto; es decir, del sectarismo. El Cristo de una iglesia muchas veces niega, entre nosotros, al Cristo de la iglesia vecina. Esto sería cómico, si no fuera trágico. Sí, la única solución para el problema de un cristiano dividido es el retorno de todas las sectas a la diócesis de Pedro, al centro histórico de la unidad cristiana, a la Iglesia madre de la cristiandad, donde encontrarán una cordial bienvenida, la plenitud de la divina revelación, la seguridad del espíritu y al fin, la unidad”.

        
La Iglesia Católica es la Iglesia de Cristo

“En conexión con la unidad de universalidad de la mediación salvífico de Jesucristo, debe ser firmemente creída como verdad de fe católica la unidad de la Iglesia por él fundada.
Existe una continuidad histórica-radicada en la sucesión apostólica-entre la Iglesia fundada por Cristo y la Iglesia Católica”.
“Fuera de su estructura visible pueden encontrarse muchos elementos de santificación y de verdad” (San Juan Pablo II, ut unum Sint, 13), ya sea en las Iglesias o en las comunidades eclesiales, separadas por la Iglesia Católica. Sin embargo, respecto a estas últimas, es necesario afirmar que su eficacia “deriva de la misma plenitud de gracia y verdad que fue confiada a la Iglesia Católica” (Unitalis Redintegratio, 3)”.

La Iglesia y el aborto (Definición y mortalidad)
¿qué es el aborto?
El aborto es la interrupción del embarazo, accidental o provocada, del embrión o feto humano antes que puede vivir fuera del organismo materno.
¿Está permitido el aborto?
No. El aborto nunca está permitido. Cuando se trata de una accidental, la responsabilidad depende del grado de imprudencia que lo haya causado.


Biblia
¿Qué dice la Biblia respecto?


No presenta directamente este problema. De todos modos, notamos como de un gran aprecio a la vida. Desde antes de nacer, uno y es objeto de una atención especial de parte de Dios.
Antes de haberte formado en el seno materno, ya te conocía; antes de que nacieras, te había consagrado, como profeta de las naciones (Jer 1, 5).
Cuando oyó el saludo de María el niño saltó de gozo en su seno (Lc 1, 41).


Tradición de la Iglesia
¿Qué dice la tradición de la Iglesia?


Desde un principio es muy rica respecto. Veamos solamente algunos testimonios:

  1. Didajé (5, 2): No matarás al hijo en el seno de su madre.
  2. Atenágoras, en defensa de los cristianos, 33: los cristianos afirmamos que los que practican el aborto cometen homicidio y habrán de dar cuenta Dios el aborto.
  3. Carta de Bernabé, XIX: No matarás a tu hijo en el seno de la madre.
  4. Concilio de Elvira, canon 63 (año 306): Si alguna mujer en ausencia de su marido cometiera adulterio, y de sus resultas concibiere, y después de esto matase a su hijo no recibirá la comunión ni aún al final de la vida, por haber duplicado la maldad.


Magisterio de la Iglesia

¿Qué dice el magisterio de la Iglesia al respecto?


Confirma la enseñanza tradicional de la Iglesia. He aquí unos testimonios en tal sentido.
Concilio ecuménico Vaticano II GS 31:
La vida desde su concepción ha de ser guardada con el máximo cuidado; el aborto y el infanticidio son crímenes abominables.
Código de derecho canónico canon 1398:
Quien procure el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae (= sin necesidad de una intervención explícita de parte de la autoridad competente).
Juan Pablo II, Evangelio de la vida, 62c:
Con la autoridad que Cristo confirió a Pedro, y a sus sucesores, en comunión con todos los obispos, declaró, que el aborto directo, es decir, querido como fin o como medio, es siempre un desorden moral grave, en cuanto eliminación deliberada de un ser humano inocente.
Inicio de la persona humana
Según la enseñanza de la Iglesia Católica, ¿Cuándo empieza a existir el ser humano?
El ser humano empieza existir el momento de la fecundación.
Congregación para la doctrina de la fe, el don de la vida, 1,1:
El ser humano debe ser respetado y tratado como persona desde el instante de su concepción, y, por eso, a partir de ese mismo momento se le deben reconocer los derechos de la persona, principalmente el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida.

Libertad de la mujer y derecho a la vida

La mujer ¿No tiene la libertad de actuar sobre su cuerpo y por lo tanto provocar el aborto?
No. En realidad, el feto no es parte del cuerpo de la mujer, si no es un ser humano distinto con el derecho fundamental a la vida. Por lo tanto, su eliminación representa un verdadero asesinato.
¿Y si hubo violación? Es lo mismo. En realidad, no se puede reparar un delito, cometiendo otro en contra de un ser totalmente inocente y por demás sin ninguna posibilidad de defenderse. En estos casos, ¿Por qué no pensar en adopción?
¿Y si el embarazo pone en peligro la vida de la madre o su salud mental? De todos modos, nunca se puede permitir un asesinato directo, como es el aborto, para asegurar la vida o la salud de la madre. Si, al contrario, se trata de curar a la madre y de esto deriva indirectamente la muerte del hijo, entonces no hay pecado.
¿Qué hay que hacer, cuando hay peligro de muerte para la madre y el hijo? Antes que nada, hay que hacer todo lo posible para salvar ambas vidas. Cuando esto no es posible, se tratará de salvar una, antes de dejar que se pierdan las dos.

 

Y cuando se sabe que un niño nacerá con graves taras hereditarias o con enfermedades físicas o psíquicas ¿Se le puede eliminar antes de nacer, mediante el aborto? No. No nos olvidemos de que el derecho a la vida es inviolable. Además, no han faltado casos de personas con graves problemas de salud, que han logrado hacer algo grande en la vida, como por ejemplo Beethoven.

Cena del Señor (última)
¿Qué hizo Jesús en la última cena?
Jesús en la última cena cambió el pan en su cuerpo y el vino en su sangre.


Promesa:


Los judíos discutían entre ellos. Unos decían: ¿Cómo este hombre va a darnos a comer su carne? Jesús les contestó: “En verdad les digo: si no comen de la carne del hijo del hombre y no beben su sangre, no viven de verdad. El que come “Mi carne” y bebe “Mi sangre”, vive de vida eterna, y yo lo resucitaré el último día. Mi carne es comida verdadera, y mi sangre bebida verdadera. El que come mi carne permanece en mí y yo en él. Como el padre, que vive en mí me envió, y yo vivo por él, así, quien me come a mí tendrá de mí la vida” (Jn 6, 52-57).
Realización:
Después, tomó el pan y, dando gracias, lo partió y se los dio, diciendo: “Esto es mi cuerpo, el que es entregado por ustedes. Hagan esto en memoria mía. Después de la cena, hizo lo mismo con la copa. Dijo: esta copa es la “Alianza Nueva” sellada con “Mi sangre”, que va a ser derramada por ustedes” (Lc 22, 19-20).


Actualización:


Yo recibí esta tradición del Señor que, a mi vez, les he transmitido: Que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el pan y después de dar gracias lo partió, diciendo: “Esto es mi cuerpo” que es entregado por ustedes, hagan esto en memoria mía. De la misma manera, tomando la copa después de haber cenado, dijo: Esta copa es la “nueva alianza” de “mi sangre”, siempre que beban de ella, háganlo en memoria mía.
Así, pues, cada vez que comen, de este pan y beben de la copa, están anunciando la muerte del Señor hasta que venga. Por lo tanto, si alguien come del pan y bebe de la copa del Señor indignamente, “peca contra el cuerpo y la sangre del Señor”. Por esto, que cada uno “examine su conciencia” antes de comer del pan y beber de la copa. De otra manera, come y bebe su propia condenación al no reconocer el cuerpo del Señor (1Cor 11, 23-29).

 

Confesión
¿Qué es la confesión?


La confesión es el sacramento de la penitencia, que fue instituido por Jesucristo, para perdonar los pecados cometidos después del bautismo.
Cuando alguien confiesa (= reconoce y manifiesta) sus pecados con humildad y arrepentimiento, Cristo mismo le da su perdón y su amistad y lo reintroduce en la comunión eclesial a través de un ministro ordenado, continuador del ministerio de los apóstoles.
¿No es suficiente confesar los pecados directamente a Dios?
No es suficiente, porque el mismo Jesús confirió a los apóstoles el poder de perdonar los pecados:
Lo que ates en la tierra, quedará atado en los cielos y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos (Mt 16, 19).
Es el poder que tiene Pedro, con sus sucesores, de declarar lo que está permitido y lo que no está permitido a nivel de toda la Iglesia: el poder de apartar de la comunión eclesial (excomunión) y el poder de readmitir a ella (comunión). Y esto implica también el poder de perdonar los pecados en nombre de Dios.
Todo lo que aten en la tierra, quedará atado en el cielo y todo lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo (Mt 18, 15-18).
Es el mismo poder, que está presente en cada comunidad eclesial, presidida por un obispo o presbítero.
Como el Padre me envió a mí, así yo envío a ustedes. Reciban el espíritu santo; a quienes ustedes perdonen los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retengan, les quedan retenidos (Jn 20, 21-23).

Aquí vemos claramente, que Jesús dio a los apóstoles el poder de perdonar los pecados y este poder se transmite en la Iglesia. Si los demás no lo quieren reconocer, eso es su problema.
¿Qué es la confesión pública y la confesión individual o auricular?
Durante los primeros siglos, generalmente se ejerció este poder en una forma pública, es decir, frente a toda la comunidad, presidida por el obispo. El penitente manifestaba su arrepentimiento y el obispo asignaba la penitencia, frente a todos.
Al cumplirse la penitencia, recibía al perdón, siendo admitido a la “comunión”, es decir, siendo integrado plenamente a la comunidad eclesial con el derecho y el deber de participar plenamente en la cena del Señor.
Por lo general, se trataba de culpas graves y notorias (apostasía, asesinato, adulterio, etc.). Con el pasar del tiempo, prevaleció la forma privada de realizarse la confesión, por motivos prácticos, teniendo presente el aumento de los feligreses y los casos de enfermedad con peligro de muerte inminente.
La múltiple misericordia de Dios socorrió a las caídas humanas de manera que la esperanza de la vida eterna no sólo se repara por la gracia del bautismo, sino también por la medicina de la penitencia y así, los que hubieran violado los dones de la regeneración condenándose por su propio juicio, llegaron a la remisión de los pecados; pero de tal modo ordenó los remedios de la divina bondad, qué sin las oraciones de los sacerdotes, no es posible obtener el perdón de Dios. En efecto, el mediador de Dios y los hombres, el hombre Cristo (1Tim 2, 5), dio a quienes están puestos al frente de su Iglesia la potestad de dar la acción de la penitencia a quienes confiesan y de admitirlos, después de purificarlos por la saludable satisfacción, a la comunión de los sacramentos por la puerta de la reconciliación… (León Magno, año 452. Denzinger 146).

Es menester que todo cristiano someta a juicio su propia conciencia, no sea que dilate de día, convertirse a Dios y escoja las estrecheces de aquél tiempo, en que apenas quepa ni la confesión del penitente ni la reconciliación del sacerdote. Sin embargo, como digo, aún a estos de tal modo hay que auxiliar en su necesidad, de que no se les niegue la acción de la penitencia y la gracia de la comunión, aún en el caso en que, perdida la voz, la pida por señales de su sentido entero; más si por violencia de la enfermedad llegaren a tal estado de gravedad, que lo que poco antes pedías no puedan darlo a entender en la presencia del sacerdote, deberá, valerle los testimonios de los que lo rodean para conseguir juntamente el beneficio de la penitencia y de la reconciliación (Denzinger 147).
El Papa Inocencio III, ordenó la confesión y comunión por lo menos una vez al año. No inventó ninguna confesión auricular, como dicen algunos sectarios.
Todo fiel de uno u otro sexo, que hubiese llegado a los años de discreción, confiese fielmente él solo por lo menos una vez al año todos sus pecados al propio sacerdote, y procure cumplir según sus fuerzas la penitencia que se le impusiere, recibiendo reverentemente, por lo menos en Pascua el sacramento de la Eucaristía (Denzinger 437).

Acerca de la confesión de San Ambrosio:

“Agua y lágrimas no faltan en la Iglesia: el agua del bautismo y las lágrimas de la penitencia”.
Y añade San Agustín:
“Cumplid la penitencia que se cumple en la Iglesia, para que la Iglesia ore por vosotros. Que nadie diga: “LA cumplo secretamente ante Dios; Dios me perdona, conoce lo que hay en mi corazón”. Entonces, se dijo sin motivo ¿“¿Todo lo que desatéis en la tierra, quedará desatado en el cielo?” Entonces ¿Sin motivo han sido confiadas las llaves a la Iglesia de Dios?, ¿Hacemos inútil el Evangelio? ¿Hacemos vacías las palabras de Cristo?”
Ni modo. Una vez que se apartaron de la Iglesia que fundó Cristo, para hacer “su” Iglesia, ya no cuentan con este poder que se trasmite mediante la imposición de las manos desde los apóstoles. Hagan lo que puedan, aunque tengan que manipular la Biblia para justificarse.

Credo
¿Qué es el Credo?

El credo es un “resumen de la fe” de la Iglesia. Se le llama también “profesión de fe”. A lo largo de la historia, surgieron distintos “credos”, “profesiones de fe” o “símbolos de la fe”, según la problemática y las necesidades de la época.
Los más importantes son: el Símbolo de los Apóstoles y el Símbolo Niceno-Constantinopolitano. El Símbolo de los Apóstoles es el resumen de la Fe de los Apóstoles, que se usaba en Roma con ocasión de la recepción del bautismo. El Símbolo Niceno-Constantinopolitano se formuló en los Concilios de Nicea (año 325 d.C. y de Constantinopla año 381 d.C.), y es una explicación del Símbolo de los Apóstoles.

Homosexualidad
¿En qué consiste la homosexualidad?

La homosexualidad consiste en la atracción Sexual hacia personas del mismo sexo. Cuando se trata de mujeres se habla de lesbianismo.
El ser homosexual, de por sí, ¿Es pecaminoso?
No. Se trata simplemente de un desequilibrio de la naturaleza, que no depende de uno mismo.
¿En qué consiste el pecado de homosexualidad?
En buscar la satisfacción sexual entre personas del mismo sexo. En efecto, el sexo tiene como finalidad la procreación de los hijos y el amor entre un hombre y una mujer.
El clamor de Sodoma y Gomorra es grande y su pecado es gravísimo (Gen 18, 20).
Si alguien se acuesta con varón, como se hace con mujer, ambos han cometido abominación (Lv 20, 13).
Dios los entregó a pasiones infames.
Sus mujeres invirtieron las relaciones naturales por otras contrarias a la naturaleza.
Igualmente, los hombres, abandonando el uso natural de la mujer, se abrazaron en deseos los unos con los otros, cometiendo la infamia de hombre con hombre (Rm 1, 26-27).

Iglesia Católica
¿Es cierto que el emperador Constantino fundó la Iglesia Católica el año 313 d.C.?

No es cierto. El emperador Constantino solamente le dio libertad de culto.
¿Qué quiere decir la palabra “Católica”?
La palabra “Católica” es igual a “Universal” (esto es todo el mundo).
¿Dónde en la Biblia se encuentra la palabra “Católica” o “Universal”?

  • Todo el mundo.

Y les dijo: vayan por todo el mundo
Y anuncien la Buena Nueva a toda la Creación (Mc 16,15).

  • Todos los días

Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo (Mt 28, 20).

  • Todo el Evangelio

En enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado (Mt 28, 20).

¿Qué quiere decir, entonces, “Iglesia Católica”?
Quiere decir que la Iglesia que fundó Cristo es una sola, destinada a llevar el Evangelio por todo el mundo y a todas las creaturas, a lo largo de toda la historia, enseñando todo el Evangelio. No una Iglesia para los judíos, otros para los griegos, otra para los romanos, etc. Una sola Iglesia, guiada por Pedro y los Apóstoles con sus sucesores, para todos y para siempre, donde se enseñe todo el Evangelio.
Para expresar todo esto, a los primeros cristianos les pareció bien utilizar la palabra “Católica”. ¿Qué hay de malo en todo esto? De todos modos, lo que a nosotros interesa, no es tanto la palabra “Católica”, sino saber que la Iglesia que llamamos “Católica” es la que fundó Cristo y está presente a lo largo de toda la historia desde un principio.
¿Quién por primera vez usó la expresión “Iglesia Católica” para designar a la única Iglesia que fundó Cristo?
El que por primera vez usó la expresión Iglesia Católica para designar a la única Iglesia que fundó Cristo, fue San Ignacio de Antioquía (40-113-114 d.C.), en su carta a los Esmirniotas.
“Donde quiera apareciere el obispo, allí este la muchedumbre, al modo que donde quiera estuviere Jesucristo ALLI ESTA LA IGLESIA CATÓLIGA (Katholiké Ekklesía)”. (carta a los Esmirniotas 8, 2).
¿Por qué se llama “Romana” la Iglesia que fundó Cristo?
Se le llama Romana, porque su jefe reside en Roma donde predicó y murió San Pedro

Magisterio de la Iglesia
¿Qué es el magisterio de la Iglesia?

El magisterio de la Iglesia, es la enseñanza que dan el Papa y los obispos como “maestros” auténticos de la fe.
El magisterio puede ser ordinario (cartas pastorales, predicación, etc.), y extraordinario (por ejemplo: un concilio ecuménico).
La palabra “Iglesia” significa “convocación”. Designa la asamblea de aquellos a quienes convoca la palabra de Dios para formar el Pueblo de Dios y que, alimentados con el Cuerpo de Cristo, se convierten ellos mismos en el Cuerpo de Jesús.
Iglesia camino y término del designio de Dios prefigurada en la creación, preparada en la Antigua Alianza, fundada por las palabras y obras de Jesús, realizada por su Cruz redentora y su Resurrección se manifiestan como misterio de salvación por la efusión del Espíritu Santo. Quedará consumada en la Gloria del cielo como asamblea de todos los redimidos en la tierra.
La Iglesia es, a la vez, visible y espiritual, Sociedad Jerárquica y cuerpo Místico de Cristo.
La Iglesia está formada por un doble elemento humano y divino. Ahí está su misterio que sólo la fe puede aceptar. Es en este mundo, el sacramento de la comunión con Dios y entre los hombres.
Se entra a la Iglesia por la fe y el bautismo.
La Iglesia somos todos. Jóvenes, ustedes son parte esencial y el alma Joven del Crispo Joven, vivo y resucitado.

JCP Juventud Católica Paulina.
La Juventud de Cristo.

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